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miércoles, 29 de julio de 2015

MÁS ALLÁ DE LOS REFLEJOS (CONTINUACIÓN)

Imagen robada de Google


El viaje lo haremos en el monovolumen de Jaro (es de las pocas cosas buenas que tiene, aparte de la novia, claro está).
Me pongo en el asiento del copiloto. Jaro conduce; detrás de él se sienta Sara; la veo sonriente como una niña que va a hacer su primera excursión. Pasa la mano por el pelo de su chico y recuerdo cuando eso mismo me lo hacía a mí; antes de que tuviese pareja. Sara me mira y se queda un momento inmóvil como si ella también lo recordase.
Detrás de mí se sienta Juan, entre él y Sara se sienta María y los asientos de atrás son para Luis y su amiga.
A los diez minutos de comenzar el viaje; después de unas risas van todos dormidos menos Jaro y yo.
Nunca hemos tenido mucha relación entre nosotros, incluso, creo que tampoco le caigo bien y no sé qué tema de conversación sacar. Es él quien comienza a hablar. – ¿qué tal va el trabajo? –Me pregunta.
–Pues bastante bien, a pesar de todo lo que está pasando no he perdido muchos clientes. Es más. He ganado alguno que otro.
La conversación se vuelve trivial, hablamos de política, de fútbol, de nuestros hobbies, de temas intrascendentes, pero que nos hacen el viaje más ameno.
Al poco tiempo despierta Juan y nos pregunta de qué estamos hablando; intento girarme para ver su cara, pero desde mi posición solo consigo verle el hombro.
 –Estábamos hablando de ti –le digo, riendo. –Pero, ¿no pienses qué bien, eh? Comenzamos a reírnos y continuamos los tres hablando de nuestras cosas, al rato se ponen a hablar de algo que no me interesa y comienzo a dormitar.  
– ¡Solatám!, sodot a solatám.
Despierto sobresaltado. Una sombra; como el rostro de una niña pasa fugazmente por mi mente. – ¿Qué te pasa Iván?  Tienes la cara desencajada –me pregunta jaro.
–Nada, tranquilo, estoy bien.

****

Paramos en una gasolinera a las diez y cuarto para repostar y comprar algunas viandas para el camino. Todos despiertan menos  Luis.
Salen del coche y se desperezan; las chicas entran en la tienda a comprar. Nosotros nos quedamos alrededor del coche. Mientras Jaro echa gasolina yo limpio el parabrisas y Juan mira la presión de las ruedas.
Las chicas salen riendo; miro a Sara. Esta radiante mientras habla con Gema; la amiga de Luis.
Voy al servicio. Juan me acompaña; entra deprisa; se está orinando y no aguanta más. Me lavo un poco la cara. En el espejo leo el reflejo de algo garabateado: ¡Solatám!, sodot a solatám. Miro hacia atrás, pero en la pared no hay nada.
–Iván, ¿tú no ves a Jaro demasiado simpático? –Dice Juan desde dentro del váter.
–Si, al final va a resultar que no es tan mala persona como pensamos– contesto.
Sigo mirando el espejo y la pared, pero ya no hay nada escrito.
Nos esperan en el coche; Luis ya está despierto y está hablando con las chicas.
Rocco esta correteando alrededor del aparato del agua persiguiendo una mariposa que no consigue alcanzar.
Nos montamos en el coche y continuamos el viaje. Las chicas se ponen a cantar canciones de cuando eran pequeñas mientras Luis toca su inseparable guitarra. A todos les hace ilusión el viaje, pero yo tengo una mala sensación en el estomago. No me apetece ir al mismo lugar donde mi padre se volvió loco.

****

Sobre las dos de la tarde paramos a comer en un restaurante de carretera; la comida es amena con una conversación distendida y con anécdotas de todo tipo.
Tras una larga sobremesa volvemos al coche. Jaro me dice que conduzca yo un rato para dormir un poco él. Aunque no soy un apasionado de la conducción, no me molesta conducir.
Arranco el coche. Nada más reanudar el viaje, Jaro se pone a contar chistes; los cuenta bastante bien y pasamos un buen rato, hasta que poco a poco todos se van durmiendo y me encuentro solo. Como tantas veces.
Conduzco como un autómata por la carretera y voy pensando. Distraído.
– ¡Solatám!, sodot a solatám.
Vuelven a pasar esa incomprensibles palabras fugazmente por mi mente; pego un volantazo. Voy conduciendo por el carril contrario.
El único que se despierta es Juan que me pregunta qué  ha pasado.
–Nada, una ardilla que se ha cruzado por la carretera. –miento, no quiero decir la verdad o podrían pensar que estoy loco como mi padre.

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