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miércoles, 21 de octubre de 2015

MÁS ALLÁ DE LOS REFLEJOS ( continuación)

Imagen robada de Google


 –Las meigas haberlas hailas –dice Luis con una sonrisa.
–Este vino es buenísimo. Iván, mañana vas a ir a ver a la anciana para que te venda unas botellas – comenta Juan, echándose en el vaso el poco vino que queda.
–La historia está muy interesante, pero deberíamos irnos a la cama si mañana queremos ir al pantano. Recordad  qué estamos sin coche y tendremos que ir andando. –dice Sara. La miro y ella me mira con una sonrisa.
–Creo que será lo mejor; mañana continuaremos con la historia de mis antepasados. –digo mientras apago el fuego. Recogemos todo y nos vamos a dormir.
En la habitación contigua a la mía están Sara y Jaro; puedo oír como ella se ríe. Al rato las risas pasan a ser gemidos. Me tapo la cabeza con la almohada, no quiero escuchar como disfruta con otro hombre, pero mi cabeza se los imagina a los dos desnudos mientras él está encima de ella.
Cuando terminan, todo queda en silencio, en menos de cinco minutos me quedo dormido.
 – ¡Solatám!, sodot a solatám.
Me despierto, pero esta vez aunque estoy despierto oigo una risa, como de una niña pequeña.
Miro mi reloj, son las cinco en punto. Me levanto y voy al servicio; noto como si alguien pasase por detrás de mí. Oigo las risas de una niña y bajo las escaleras siguiéndolas.
La  luz de la cocina está encendida; al entrar veo que Sara que ésta sentada en una de las sillas.
– ¿Qué haces aquí? ¿No puedes dormir? –Le pregunto, mientras me sirvo un vaso de agua.
–No, llevo toda la noche dando vueltas en la cama. No sé, es como si algo no me dejara dormir.
– ¿Tú también has oído las risas?
– ¿Qué risas? Creo qué… estas muy casado, deberías irte a la cama. –dice, mientras se levanta.
–Sí, creo que será lo mejor;
– ¡Solatám!, sodot a solatám.
Me giro y me quedo mirándola.
–Te pregunto ¿Qué si nos has oído a Jaro y a mí? Si es así, lo siento.
Sale por la puerta de la cocina mientras yo me quedo allí, petrificado, creo qué conoce mis sentimientos hacia ella; quizá se lo debía haber dicho en su momento, ahora es demasiado tarde, ella es feliz con Jaro.
Me bebo el vaso de agua y vuelvo a la cama, pero ya no pego ojo en toda la noche.

****

A las ocho de la mañana estamos todos por la cocina, unos haciendo comida, otros preparando las bebidas y Luis en medio estorbando a todo el mundo.
–Iván, tú vete a ver a la anciana para que te venda más vino. –me dice Juan.
Salgo a fuera; el sol esta brillando y comienza a calentar. Va hacer un buen día para bañarnos; por lo menos el tiempo nos acompaña.

***

Llego a casa de Maruxa y llamo a la puerta. Al golpear con la mano se abre, pero nadie contesta.
 –Maruxa, ¿señora Maruxa?
–Andome en la cocina, entra –dice la anciana.
Esta desayunando. Se toma un café y una buena hogaza de pan tostado con aceite.
–Buenos días, que aproveche –le deseo.  –Quería saber si podría venderme unas de esas botellas de vino tan bueno que nos regalo ayer, le pago lo que me pida. –digo con una amplia sonrisa.
–Ah, carallo ¿Gustoles el viño? No tengo viño para vender, pero os puedo regalar un par de botellas maís.
Va a la despensa y trae tres botellas; una de ellas mucho más pequeña que las otras y parece orujo.
–Estas dos botellas las bebéis cuando queráis, pero esta –señala la blanca. –es para que la toméis el último día. Por cierto, yo me voy a la ciudad, mi hermana se ha puesto mala y tengo que ir a ayudarla. Estaré un tiempiño fuera, espero que podáis apañaros solos.
Maruxa sale un momento y vuelve con un una pequeña carpeta.
–Toma, deberías de leerlo mientras estas aquí. 
Abro la carpeta; dentro hay unas cuantas hojas. Es un manuscrito de mi padre.
Me despido de ella deseándola que se mejore pronto su hermana.

****

A las diez llegamos al pantano; el paisaje es precioso. Está rodeado de arboles y al fondo se ve la montaña.
Hace mucho calor, Luis coge un palo y lo lanza al pantano. Rocco sale corriendo y se mete en el agua.
Jaro es el primero que se quita la ropa y se queda en bañador, yo le imito y me quedo en bermudas de baño, las chicas tardan un poco, pues Luis las quiere sacar fotos con su cámara y ellas no quieren. La ultima en quitarse la ropa es Sara. Lleva un bikini blanco con unas pequeñas flores negras le queda perfecto. Luis se acerca a mí. –Cierra la boca que se te va a meter un bicho. –Me dice en voz baja. Sara me mira y me giña un ojo. Juan y Luis preparan las cañas, Jaro y yo nos metemos en el pantano, el agua está congelada, pero es agradable, pues el sol calienta demasiado. Las chicas se tumban para tomar el sol.
Salgo del agua y me tumbo un poco apartado de los demás, ellos se ponen a jugar a las cartas y yo saco el manuscrito de mi padre.

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