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martes, 1 de diciembre de 2015

MÁS ALLÁ DE LOS RECUERDOS IX

Imagen robada de Google


 De repente despierto, estoy en medio del bosque tumbado al lado de una cruz fabricada con dos ramas, como si hubiese alguien ahí enterrado. Miro el reloj, son las tres de la tarde. Tengo que volver a casa, si no se empezaran a preocupar por mí.
Cuando llego están todos en el salón. Juan tiene la mano vendada y Jaro todavía no ha regresado. –Te hemos dejado algo de comer en la cocina. –Me dice María muy seria. No me había percatado, pero tengo hambre, encima de la mesa hay un filete con patatas, me siento en la mesa y me dispongo a comer. – ¿Qué te pasa? Iván. –Me giro. Es Sara que viene enfadada. –No me pasa nada, dejadme en paz.
–Le has hecho daño a Luis, tendríamos que llevarle a un hospital, dice que le duele mucho al moverla. –Pues que no meta las manos donde no debe, cuando venga tu querido novio le podréis llevar donde queráis.
–No éstas siendo justo con nosotros, siempre hemos sido amigos y ahora parece como si no nos conocieses.
– ¿Tú me hablas de injusticias? ¿Tú? Tú sí que has sido injusta conmigo.
–No entiendo por qué me dices eso, siempre que me has necesitado he estado a tu lado. –Creo que es mejor que lo dejemos, estoy cansado, me voy a mi habitación.
Me levanto de la mesa, aunque tengo el estómago vacío no me apetece comer. Al subir las escaleras veo a Gema salir de mi habitación, el manuscrito no está encima de la mesita que le había dejado. Bajo furioso en busca de Gema, la encuentro en la cocina fregando los platos. - ¡¿Dónde has puesto el manuscrito?! –Le grito. –No sé de qué manuscrito me hablas, Luis sigue diciendo que eres buena persona incluso después de lo que le has hecho en la mano, pero yo pienso que estás loco. La agarro de los hombros y comienzo a zarandearla, la ira se está apoderando de mí. – ¡¿Dónde has puesto el maldito manuscrito?! ¡Zorra! Te he visto salir de mi habitación. –Solo he subido para hacer las camas, como hago todos los días. –Los gritos alertan a los demás que enseguida acuden a la cocina. Juan intenta separarme de Gema, pero le lanzo un derechazo que le hace caer al suelo. Me quedo parado, no era mi intención pegar a Juan. María se pone entre Juan y yo, veo que está llorando. –Estás  loco, Iván, completamente loco. –Me recrimina María. –Lo siento. –Es lo único que acierto a decir y me voy a mi habitación. El manuscrito está tirado en el suelo, debajo de la cama. Intento tranquilizarme y me pongo a leer.

***

Tú abuelo Santiago Carrizo era un hombre inteligente volvió a la aldea con vente años, después de terminar los estudios para hacerse cargo de los negocios familiares. Nunca nadie pudo hablar nada malo de él, pues era conocido por su buen talante y por ayudar siempre a las personas necesitadas. Se casó con tu abuela por amor, era una muchacha de una familia humilde que le hizo muy feliz hasta el día de su muerte. Sí, tu abuelo la mato. Dentro de casa las cosas eran distintas, pues las sirvientas duraban poco tiempo sirviendo en la casa, a los pocos meses desaparecían. Siempre eran chicas jóvenes y guapas. En el pueblo se comentaba que después de que aprendían las mandaban a la capital a trabajar a las casas de los muchos amigos que tenía tu abuelo allí, pero la realidad era muy distinta. Tus abuelos eran unos enfermos sexuales y montaban verdaderas orgias en su casa, formaron un nutrido grupo de personas como ellos y las pobres muchachas eran utilizadas como objetos sexuales días enteros hasta que acababan con sus vidas, unos las violaban, otros las quemaban con cigarros, otros les hacían cortes con cuchillas, eran fiestas de sexo y sangre en las que participaban tanto hombres como mujeres. Esas bacanales duraron muchos años hasta que tu abuela se enamoró de otro hombre, un personaje que en aquellas fiestas era el más salvaje, incluso llegaba a estrangular a las chicas cuando estaba a punto de llegar al orgasmo porque decía que producía  un placer inenarrable. Tu abuelo mato a su mujer estrangulándola mientras que hacían el amor, pero no lo hizo por sentir ese placer si no que lo hizo por celos. Lo sé porque yo estaba delante cuando ocurrió todo, después tu abuelo se pegó un tiro en la cabeza. Yo te tuve que ir a vivir con mis abuelos por parte de madre.

***

Dejo de leer y noto que tengo una erección, la lectura me ha excitado. Oigo ruido en la habitación de Sara. Me quedo dormido, estoy muy cansado. Me veo cayendo por un pozo y caigo al agua, no hago pie y no sé nadar, grito y lo hago con la voz de una niña pequeña, creo que ahora soy la niña muerta en el pozo, noto como me estoy ahogando, como me entra el agua en los pulmones, intento agarrarme a las paredes del pozo, pero no tengo fuerzas, con el esfuerzo me rompo un dedo, grito de dolor pero estoy bajo el agua. Todo se nubla. De repente me veo encima de Sara, estoy haciendo el amor con Sara. Ella me devuelve los besos y las caricias. – ¡Oh, Iván! No sabes cómo ansiaba que llegara este día, siempre te he querido. –Me susurra al oído. Noto su sexo caliente, la beso en la boca y toco sus senos con mis manos, son suaves los pezones están duros. Voy a llegar al orgasmo. La beso en el cuello y poso mis manos en él. Acelero mis movimientos mientras la estoy estrangulando. Veo su cara como se va deformando, se le pone la cara morada y los ojos parecen que se le van a salir de sus órbitas. Intenta gritar, pero cuando te aprietan las cuerdas vocales es imposible. Comienza a dar espasmos. Creo que me voy a…

***

Despierto. Estoy en mi cama con el manuscrito en la mano. Pongo el oído en la pared que da a la habitación de Sara, pero está en silencio. Son las siete de la tarde y esa lloviendo, me meto en la ducha, necesito despejar mis ideas.

***

Bajo al salón, están teniendo una charla muy animada, pero al verme se quedan callados. –Quería pediros perdón a todos, últimamente no sé qué me pasa, creo que es esta casa, no me estoy comportando con vosotros como debía, soy mis amigos y sé qué queréis  ayudarme, de veras que lo siento. –Luis se levanta y sin decir nada me da un abrazo, me emociono y se me saltan las lágrimas, después es Juan quien me tiende la mano, veo que tiene el pómulo hinchado y un hematoma. María y gema no se acercan, Gema me sonríe, pero María ni siquiera me mira.
Son las ocho de la tarde y sigue lloviendo. – ¿No ha llegado Jaro todavía? –Pregunto. –No, imagino que con lo que está lloviendo se habrá quedado en el pueblo, no creo que el coche este ya arreglado. –Contesta Juan.
 –Y ¿Sara?
–Se ha acostado un rato, decía que le dolía mucho la cabeza, por cierto veo que ya estas más calmado.
–Sí, ya he descansado un poco y tengo las ideas más claras, perdóname por lo de antes.
–Gema hace un gesto de afirmación con la cabeza y se acerca a Luis a darle un beso. – ¿Y qué tenéis pensado que hagamos? –Pregunto, aunque ya me imagino la respuesta. Quedarnos en la casa bebiendo y sin hacer nada en toda la noche, solamente escuchar historias de sus tristes vidas, cornudas, alcohólicos, etc.…  –Yo creo que con lo que está lloviendo deberíamos quedarnos aquí y bebernos esa botella de orujo que tenemos por ahí. –Dice Juan. Va a la cocina, coge unos vasos y la botella y vuelve al salón. – ¿No creéis qué deberíamos despertar a Sara? Lleva ya mucho tiempo durmiendo. –Dice Gema. A mí me da un vuelco el corazón. – ¡No! –Digo saltando del sillón como un resorte. –Déjala que descanse un poco más esta noche la oí discutiendo con Jaro y no creo que haya dormido bien. –Voy a la cocina –dice María. –Iván ¿Puedes acompañarme a traer la cena? –Salgo tras ella y nos encontramos allí. –Iván, imagino qué ya te habrás fijado en que Juan tiene un problema con la bebida. Sabes que hace algún tiempo queríamos tener un hijo, pero después de mucho intentarlo, fuimos al médico y resulto que Juan es estéril. Eso le creó una especie de trauma, pues lo era lo que más deseaba en el mundo y comenzó a beber. Estoy planteándome seriamente divorciarme, porque no puedo seguir así, últimamente vuelve a casa tarde y borracho y cada vez le noto más violento y temo que algún día llegue a ponerme la mano encima. Le amo más que a mi vida y no le quiero perder. Me gustaría que tú hablases con él, a ti te aprecia mucho y puede que te haga caso.
-Últimamente no creo que ninguno de vosotros me hiciese mucho caso, es más creo que pensáis que me estoy volviendo loco. Incluso yo lo estoy pensando.
 –No pensamos que estés loco, al contrario pensamos que has sido muy valiente al volver a esta casa después de lo que paso con tus padres. Por favor intenta hablar con él, eres mi última oportunidad para arreglar lo nuestro.
–Veré que puedo hacer, también es mi amigo y me preocupo por él. –Le digo mientras cojo unos platos y unos vasos y salgo de la cocina, pero yo sé que no le voy a decir nada, por mí como como si se bebe una botella entera de vodka y después se prende fuego.
Terminamos de cenar y tras una larga charla hablando de Jaro, de Sara y de otras cosas sin importancia. Nos levantamos a recoger la mesa y nos sentamos en los sillones, al lado del fuego. Tengo unas ganas irremediables de leer el manuscrito de mi padre. –Voy a subir un rato. ¿Llamo a Sara? –No, –dice  Gema. –Voy yo, que quiero preguntarle una cosa y quiero hacerlo en privado. –Asiento con la cabeza, subo las escaleras y entro en mi habitación. Agarro el manuscrito, parece más delgado, pero comienzo a leer.

***

Hijo mío, lo que te voy a contar ahora es lo que ha hecho tu padre en estos días que me encuentro en esta maldita casa. Quizá no seamos nosotros los asesinos, si no que nos obliga la casa, he estado estudiando todo este tiempo, las paredes las habitaciones, incluso el sótano y he descubierto muchas cosas interesantes, pero primero tengo que hacerte una advertencia sobre tu hermana. Desde que llegamos aquí parece como poseída y está intentando volvernos locos a tu madre y a mí. Voy a salvar el alma de tu madre, es lo único que puedo hacer ya por ella.

***

Las demás hojas han sido arrancadas, yo sé que quedaban algunas más, porque lo he visto, pero ahora no están.

***

Bajo nuevamente al salón, están todos sentados, la botella de orujo en el centro de la mesa y unos vasos alrededor de ella. Son casi las doce. Ni Jaro ni Sara, me temo lo peor. –Siéntate Iván que vamos a abrir la botella. –Me dice Juan. Le observo, está temblando como si tuviese frío, mientras intenta abrir la botella. María también se da cuenta de su temblor y le quita la botella de las manos. –No deberías beber más. –Dice María mientras una lágrima recorre su mejilla. –Déjame en paz, zorra ¿por qué no vas a ver a quién te puedes tirar? –Todos nos quedamos cayados y María rompe a llorar. Abre la botella y la deposita suavemente en las mesa. Mira a Juan. –Toma, a ver si con un poco de suerte revientas.
Juan coge la botella y sirve los vasos. Me ofrece a mí uno, pero lo rechazo. –toma hombre, que un día es un día y mañana nos vamos de este maldito lugar. Hay que celebrarlo. Acepto el vaso y Luis propone un brindis. –Brindemos porque estas vacaciones se borren pronto de nuestra mente. –Chocamos los vasos y bebemos. Lo que creíamos que era orujo resulta ser un licor delicioso, con un sabor dulce que te hace desear beber más. Nos bebemos el vaso entero de dos tragos y Luis los vuelve a llenar. Luis se quita la venda. –Ya no me duele la mano. –le miro y los agujeros de la mano han desaparecido. Va corriendo a coger su guitarra, pero la guitarra está completamente destrozada. En lugar de enfadarse comienza a reírse y todos nos reímos.
Comienzo a ver como distorsionado, creo que a los demás les pasa lo mismo. Juan está mirando hacia el techo siguiendo algo con la mirada. María corre de un lado a otro intentando coger algo y Luis se mira las manos y solo sabe decir – ¡Qué grandes! ¡Qué grandes! Veo a Gema mirándonos y riéndose, pero no parece Gema, parece mi hermana la última vez que la vi, antes de que desapareciera. – ¡Solatám!, sodot a solatám. Me mareo, oigo gritos, gritos de terror, de desesperación y caigo al suelo.

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