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jueves, 10 de diciembre de 2015

MÁS ALLÁ DE LOS REFLEJOS (FINAL)



Imagen robada de Google


Me veo en la cocina, estoy justamente detrás de maría. En mi mano tengo un cuchillo igual que le que tenía el carnicero del pueblo. Agarro a María por la espalda y tapo su boca con mi mano, intenta morderme, pero así es imposible que me muerda. La aprieto contra mi cuerpo, noto que su cuerpo se agita contra el mío. Sé que quiere gritar, pero no lo consigue. Cruzo el cuchillo por delante de sus ojos, tiembla de miedo. Me gusta que tenga miedo. De un rápido movimiento paso el filo del cuchillo por su garganta y el suelto. Comienza a girarse y salpica las paredes con su sangre, en poco tiempo cae al suelo.
 – ¡Solatám!, sodot a solatám. De repente me encuentro al lado de Luis, vuelve a tener la mano vendada e intenta tocar la guitera sin conseguirlo. Me mira a los ojos y con una voz calmada me dice que no lo haga, que me quiere, que quiere estar siempre junto a mí. Se levanta, me quiere besar, pero le asesto dos puñaladas en el estómago que le hacen caer al suelo. Se va formando un charco de sangre debajo de él, comienza a convulsionar hasta que queda inerte, sus ojos brillan, me agacho y cierro sus parpados.
– ¡Solatám!, sodot a solatám. Juan está completamente borracho, intenta acercarse a mí, pero da un traspié y cae, no consigue levantarse y comienza a reírse, con una risa histérica que me pone nervioso. Me acerco a él y comienzo a darle patadas en el estómago  hasta que vomita el alcohol. Paro un momento. Se retuerce en el suelo con las manos en el estómago y vuelve a reírse. –Mátame, mátame ya, no quiero seguir viviendo así. Hazlo, por favor, hazlo. Me agacho hacia él y clavo el cuchillo en su corazón. Miro su cara, tiene una expresión de alivio. Me mira y veo algo en su rostro como un gesto de gratitud. Su sangre sale entre la herida y el cuchillo manchándole la ropa a él y a mí las manos.

***

– ¡Solatám!, sodot a solatám. Estoy tirado en medio del bosque, justamente donde encontré la cruz. Está lloviendo, el suelo esta mojado y comienzo a excavar con mis propias manos, tengo que saber que hay enterrado. Me duelen las manos, pero continuó escarbando. Después de más de una hora sin descansar encuentro algo.es un esqueleto, por el tamaño de los huesos debe ser de mujer. Escarbo un poco más y encuentro un vestido. Está roto, descompuesto por estar enterrado, sucio de la arena, pero conozco ese vestido. Es el vestido que le regale a mi madre antes de que viniesen a Galicia. Cojo la mano del esqueleto y se aclaran todas mis sospechas. En el dedo anular lleva la alianza de casada, de la que nunca se desprendía. Mi madre estaba muerta y alguien la había matado.

***

– ¡Solatám!, sodot a solatám. Recobro la conciencia. Sé que son las cinco. Estoy esposado con las manos en la espalda rodeado de guardias civiles. A mí alrededor veo los cuerpos de mis amigos, están todos muertos. Un agente entra por la puerta. –Hay otro hombre en el bosque parece que lleva varios días muerto.
–En  una habitación hay otra mujer estrangulada. –Dice otro agente desde la escalera. –Queda detenido por la muerte de cinco personas. –oigo una voz detrás de mí. –Llevarle al cuartelillo.
Me meten en el coche y miro hacia la casa. Todo está tranquilo. – ¿Cuántos cuerpos han encontrado? –Pregunte. –Cinco, se te va a caer el pelo amigo – ¿Cinco? En el suelo están Juan, Luis y María, en la habitación esta Sara y seguramente a quien han encontrado en el bosque es a jaro, pero a Gema no la han encontrado, quizá a ella no la he matado, pero ¿Dónde está?  De repente mis pensamientos fueron perturbados por unas risas. Eran las risas de Gema.
El coche arranco. –Adiós, Hermanito. –Sonó una voz entre las risas. Me empezó a doler la cabeza, las risas cada vez eran más fuertes, comencé a gritar. El guardia civil que estaba a mi lado me ordeno que me callase, pero no lo hice, no podía. Y de un golpe me dejo inconsciente.

***

Hoy comienza el juicio contra mí. Son las nueve de la mañana, en breve vendrán a por mí para llevarme a los juzgados. Se abre la puerta –Tienes una visita, Iván. –Dice Manuel, el policía que custodia mi puerta. Entra Gema, me quedo sorprendido. –Hola hermanito. –Así me llamaba mi hermana. –Ya no esperabas verme ¿verdad? ¿Te preguntaras por qué ha pasado todo esto? Pues muy sencillo, eres un Carrizo, una familia de asesinos y tenías que pagar por toda tu familia. Maruxa me enseño todo lo que tenía que saber de magia negra. Ella buscaba venganza y yo también. No soy tu verdadera hermana, no. A mí me robo tu padre, después de asesinar a mi verdadera madre. La única hija que tuvo Maruxa.
Pero tú, eras diferente, eras normal. No querías ser un asesino. He tenido que matar yo misma a todos tus amigos, ni siquiera fuiste capaz de matar al perro, pero conseguí hacerte pensar  que lo habías echo tú.
A tu padre le hice sufrir. Hice que matase a su queridísima esposa, hice que se volviese loco y por ultimo le asesine. No, no se suicidó como te hicieron creer.
Te preguntaras como he podido cambiar tanto, es lo que tiene la medicina moderna, que son capaces de cambiar tu cara por completo.
Ahora te toca morir a ti. –Se va acercando a mí. Oigo la maldita voz en mi cabeza. – ¡Solatám!, sodot a solatám. – ¡Solatám!, sodot a solatám. – ¡Solatám!, sodot a solatám. Veo a mi hermana cuando tenía trece años enfrente de mí, la tengo agarrada por el cuello y aprieto cada vez más y más, hasta que deja de respirar. Un policía entra corriendo y me aparta de un empujón. Veo a gema tirada en el suelo, no se mueve, no respira. El agente intenta reanimarla sin conseguirlo. Está muerta.

***

Me condenan por seis asesinatos. Pasare toda la vida en la cárcel.

***
Ya han pasado cinco años desde que estoy encerrado. Intento olvidar todo lo que pasó, pero cada noche al acostarme sueño con todo lo ocurrido y me sigo despertando a las cinco, empapado en sudor, pero ya no escucho voces.
He escrito la frase en la pared, enfrente del espejo para que nunca se me olvide: “¡Solatám!, sodot a solatám”. A veces me paso las horas muertas mirando el espejo. Mi compañero de celda piensa que estoy loco por escribir esas cosas, que tenía que hacer como él y poner fotografías de mujeres desnudas. Es un buen tipo, está encerrado, según dice él, por un delito que no cometió.
Está durmiendo, yo mientras miro el espejo: “Mátalos a todos, ¡Mátalos! Agarro la almohada y la pongo sobre la cara de mi compañero, patalea y aprieto con más fuerza, intenta agarrarme y me araña en la cara, al poco tiempo ya no se mueve. Me miro en el espejo, una sonrisa se dibuja en mi rosto, por primera vez en mi vida soy feliz.
– ¡Solatám!, sodot a solatám. Despierto entre sudores, temblando, miro el reloj, son las cinco de la mañana. He tenido una pesadilla, pero no consigo recordar nada del sueño.

***

Hoy me voy a Galicia a pasar unas vacaciones con un chico que he conocido y sus amigos. No conozco a ninguno. Sé qué se llaman Luis, Juan, María, Jaro, Sara y el dueño de la casa un tal Iván.
Sé que me voy a divertir. – ¡Solatám!, sodot a solatám.

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