Imagen robada de Google
Así nos veremos dentro de poco.
Suenan las
seis de la mañana en el despertador de la mesilla. Se levanta con los ojos aun
pegados por el sueño; entra en el baño para echar la primera meada del día y
lavarse la cara. Tras tomar un café solo, sin azúcar, vuelve a la habitación y
se viste.
Es lunes de
lo que se le antoja será una semana larga y el tráfico de la ciudad tampoco
quiere darle una tregua.
Entra en la
oficina; es la cuarta vez que llega tarde este mes, y la mirada de reprobación del jefe
de departamento le hace saber que está jugando con fuego.
Pasa la
mañana entre los papeles de su mesa, las miradas furtivas al escote de su
compañera de enfrente y algún que otro café de la máquina, excusa perfecta para
estirar las piernas.
A las doce
en punto, suena el teléfono. Es la secretaria del departamento de recursos
humanos. – ¿Señor Martín? – Y sin esperar respuesta continua: –Vaya ahora mismo
al despacho del director.
Su voz suena
impersonal, como la de una máquina expendedora de tabaco. <<Su tabaco,
gracias>>
Se levanta
pesarosamente de su asiento; se siente igual que si tres “skin head” le
hubiesen dado una paliza con palos y cadenas.
Llama a la
puerta del despacho de aquel hombre, que en sus diez años de trabajar para él,
no ha visto nunca. Tiene fama de borracho, jugador y mujeriego.
Una voz
desde el interior le dice que pase. Un hombre gordo sentado en un sillón de
cuero negro tras una mesa de caoba le mira fijamente a los ojos.
– Siéntese,
señor Martín. – dice con una sonrisa que no sabría diferenciar si es sincera o
irónica.
– ¿Sabe por
qué le echo llamar, verdad?
Asiente con
la cabeza mientras traga saliva. Le sudan las manos y nota como el estómago
quiere salir por su boca.
– ¿A usted
le gusta jugar?
– La
pregunta le coge por sorpresa. –No sé,
nunca he jugado a nada. –Como ya sabrá, la empresa no está pasando por sus
mejores momentos y necesitamos… ¿cómo lo
diría? ¿Hacer recortes? Bueno, el caso es que tengo que prescindir de alguien,
y los dados me ha dicho que debe ser
usted, pero no quiero que nos deje sin darle una oportunidad. ¿Le gusta jugar?
No entiende
nada, si iba a ser despedido a que viene tanta pregunta sobre si le gusta
jugar. Por lo tanto se queda callado.
El director abre
un cajón y de él saca algo de deposita sobre sus piernas. –El juego es muy sencillo, si usted gana, seguirá
trabajando para nosotros.
– ¿Y si
pierdo?
–Bueno, digamos…
que me ahorro pagarle el finiquito.
– ¿En qué consiste el juego?
El director vuelve
abrir el cajón y saca tres balas del calibre 38 y las pone encima de la mesa.
A Martín se
le para dos segundos el corazón, para luego bombear a más velocidad que un
redoble de tambor. Está tentado de levantarse de la silla, pero el miedo le
mantiene paralizado.
El hombre
gordo recoge el artefacto que antes deposito sobre sus piernas; es un revolver Smith
& Weeson 625. Mete las tres balas al azar en el tambor, le da varias
vueltas y se lo entrega a Martín con una sonrisa.
Martín lo
agarra decidido; hay una hipoteca que pagar. Da una vuelta más al tambor y
aprieta el cañón contra su sien derecha, mientras el director con las manos
cruzadas bajo su barbilla, y con una sonrisa de oreja a oreja le dice:
<<Recuerde, solo tiene una oportunidad>>