I
La muerte llamó a su puerta sin vacilar, pero él no estaba, había salido a comprar el pan.
El hombre de la guadaña dejó una nota escrita en sangre, en la que ponía:
“Volveré mañana“.
II
Al día siguiente volvió a terminar su trabajo.
Mientras veía el alma del difunto bajar al infierno miró el papel que tenía en las manos.
Se había equivocado de dirección. Arrugó el papel y pensó: –Volveré mañana.
III
Antes de llamar a la puerta miró el papel, vio que la dirección era la correcta.
Miró por la ventana y allí estaba; sentado en el sofá.
Llamó; le abrió la puerta. El hombre de la guadaña estiró la mano derecha y le tocó con un solo dedo. Cayó desplomado y sin vida.
–Tengo que buscarme otro trabajo, esto es muy estresante.