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viernes, 7 de octubre de 2011

HISTORIAS DE UN INÚTIL.

Imagen sacada de google

Mi madre siempre decía que inútil es una palabra muy fea (eso sí, cuando te descuidabas te llamaba gilipollas), porque todo el mundo servía para algo. Lo que mi madre nunca supo, fue que su hijo era un verdadero inútil y lo descubrí cuando tan solo contaba con seis años; el primer día que empecé el colegio.
Creo que lo mejor será que empiece a contarlo desde el principio:

El primer día de colegio me metieron en una clase llena de niños como yo y una señora que tenía la misma cara que las brujas de los cuentos.  Al verla comencé a llorar y la mujer, que todos los niños llamaban señorita, me cogio en brazos; yo pensaba que me iba a comer, pero no lo hizo, me sentó en una sillita rodeado de otros niños y éramos el arbolito rojo (nunca en mi vida de seis añitos había pensado que pudiese ser un árbol, pensaba que era un niño)bueno, que era un árbol y además rojo, pero no me duró mucho la alegría, pues en menos de una hora vinieron a buscarme para llevarme a otra clase donde me esperaba otra bruja que también me cogio en brazos cuando me puse a llorar y tampoco me comió. Ya no sabía si lloraba por el miedo a las brujas o por que ninguna de ellas me quería comer. Cuando me sentaron en mi mesita ya no era ni un niño, ni un árbol, era una estrella y encima verde (Jo, yo quería ser un árbol) después de un tiempo (Yo pensaba que habían pasado días, ya nunca más volvería a ver a mi madre, me había vendido a un grupo de brujas) entre pinturas y canciones que no entendía que significaban, nos mandaron al recreo y en ese mismo momento fue cuando me di cuenta de lo que era, se me había olvidado mi bollo en la otra clase y no podía ir a buscarlo por si estaba la bruja sola. Me quede sin comer, con hambre, llorando, mientras los demás niños se comían su bollo y seguramente alguno se comió dos, el suyo y el mío.
Después de eso tengo algún recuerdo vago de algunas cosas, como tener que llevar el pañuelo atado al bolsillo del babi, aunque creo que era para no perder el babi no el pañuelo, comer pinturas, plastilina y cosas por el estilo. Por lo demás fue un tiempo bastante normal hasta el día que  me llevaron al colegio de los mayores y allí comenzó la gran odisea de mi vida.
Pero eso ya es otra historia.

jueves, 6 de octubre de 2011

MUNDOS PARA-LELOS.

¿Qué pasaría si el mundo en el que vives, en realidad, no existiese? ¿Si todos tu seres amados fuesen solo una ilusión? ¿Si nada fuese lo que parece?

Esta es la historia de Melquiades Saltarranas, un abogado disléxico  y drogadicto.
Un día, Melquiades se despertó de madrugada, tenía unas ganas de orinar terribles y se levantó para ir al servicio. Al pasar por la ventana del salón una fuerte luz le cegó por un instante. Con la mano sobre su frente se acercó a la ventana e intentó escrutar el exterior; lo que vio le dejó perplejo.
En la calle no había nada, y cuando digo nada es que no había nada; no existían las calles, ni la acera, ni había coches aparcados; solamente había oscuridad, una gran oscuridad. Y en medio de la oscuridad una potente luz blanca, que incluso le quemaba los ojos.
Salió corriendo a mirar por la ventana de su habitación, que estaba en dirección opuesta a la del salón.  Se veía exactamente lo mismo, una gran nada, y en medio, la potente luz.
Miró hacia lo que él creía su derecha; la imagen era la misma, y siempre la luz justo en el centro.
Retrocedió dos pasos hacia atrás. El corazón parecía que se le iba a salir del pecho; era el el Armagedón; el fin del mundo.
Se sentó en la cama un momento, se tapó la cara con las manos, moriría y no no se había redimido. –¿Y si era en realidad el apocalipsis? Jamás iría al cielo, le esperaba pasar la eternidad expirando sus pecados en el averno.
Decidió que si debía morir lo haría con la frente bien alta. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana a esperar su fin.
Miró por la ventana; todo había vuelto a la normalidad, allí estaba la calle, con sus coches aparcados pegados a las aceras, pero la luz, aunque con mucha menos fuerza, seguía luciendo; entrecerró los ojos para ver mejor  y se dio cuenta que provenía de una farola; miró a la izquierda y vio que allí había otra farola. El corazón comenzó a palpitarle más despacio, parecía que todo había vuelto a la normalidad. Se tumbó en la cama, miró la bolsita se setas de encima de la mesilla y cerró los ojos.
Mañana lo dejaría.  
  
Cuando se encontraba profundamente dormido, una potente luz inundó la instancia completamente.  

miércoles, 5 de octubre de 2011

LIVING IN VALLECAS.



Chavales que sueñan con ser futbolistas.
Gente que cierra un trato dándose la mano.
Donde lo más importante es el ser humano.
Un barrio de esos que llaman comunista.

Filósofos de barras de la cuarta copa.
Noches desveladas por cantos de sirenas.
Cenicientas que saben que nunca serán princesas.
Obreros que madrugan para ganarse la sopa.

Donde quedan muchas barreras por derribar
Las personas sueñan con ser algo más
y se hacen favores sin preguntar.
Así es mi barrio… y no lo pienso cambiar

Un lugar con mucha necesidad y pocos caprichos
Donde las personas saben dónde viven
algunos son destruidos por los sueños que persiguen
y de banda sonora una canción de los chichos

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