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miércoles, 31 de agosto de 2011

LA GRAN AVENTURA ...

Hola, buenas tardes, noches, días a todo/as. Estaré un tiempo sin colgar nada, pues he decidido estar un tiempo dedicándome a la meditación trascendental (Vamos, que voy a estar tocándome los huevos unos días).
Sed buenos, no comáis muchos dulces y seguid escribiendo.

Por si a alguien le interesa, dejo un enlace con la historia completa de “La gran aventura del nota” y si algún osado u osada, es capaz de leérselo entero y quiere dejar algún comentario que lo haga en esta misma entrada.( La siguiente entrada comenzaría en la pagina 17)

Unos besazos y unos abrazos “pa tos”

La gran aventura del “Nota”

martes, 30 de agosto de 2011

LA GRAN AVENTURA DEL "NOTA" VII y VIII

Hoy doble capitulo, como en la tele.



6. Más malas noticias.


   Monté a Alfonso en el asiento del copiloto y yo me senté en el del conductor.
   Metí la llave en el contacto y la giré, pero no hizo nada. Miré por debajo y vi que tenía los cables sueltos.       Otra vez se lo habían robado y por como olía, alguien se había meado dentro. Junté los cables para hacer contacto y con el que sobraba di un golpe para arrancar (Las cosas que se aprenden de pequeño nunca se olvidan). El coche arrancó a la primera.
      Para tener más de veinte años y tres o cuatro robos, no estaba muy mal de motor.
      Paré en el bar, que ya estaba cerrando.
     –Ricardo-. (Me gustaba llamarle así porque sabía que le jodía)  –ponme una botella de ese mata ratas que tienes por ahí.
   –“Nota”, no me llames así, sabes que no me gusta –me dijo mientras cogía la botella de encima de la estantería – ¿Has encontrado a Alfonso?
   –Sí, le tengo en su coche durmiendo el morao que lleva. Le llevo a mi casa.
   –Pues, después de irte tú han venido dos tíos preguntando por él también. Me han dado mala espina y les he dicho que no sabía por dónde podría estar. Me dieron un recado para él. ¿Cómo era…? Ah sí, que “Chino” le estaba buscando.
   –Y ¿Cómo eran esos tíos? ¿Venían trajeados? ¿Eran unos armarios de dos metros?
   –No, uno era más o menos como tú de alto, pero en fuerte y el otro un poco más bajito, pero más cachas.
   Parecían sudamericanos por el acento y vestían con chándal de marca y grandes collares y anillos de oro.   Espero que sean amigos suyos, porque esos tíos tienen que dar unas ostias como panes.
   Cogí la botella y mire la etiqueta. “Dowarts” (eso no se lo bebían ni en el salvaje oeste, pero cuando no hay dinero te tienes que conformar). Deje los diez euros encima de la barra
   – ¡Ey, “Nota”, espera!
   –Tranquilo Ricardo, quédate con las vueltas –le dije todo orgulloso de dejarle el cambio.
   – ¡Qué coño vueltas, si me tienes que dar dos euros más! Y no me llames Ricardo ¡Joder!
   –Está bien –metí la mano en el bolsillo, aunque sabía que no iba a encontrar nada. –Oye apúntamelo que ahora mismo no tengo suelto. R-I-C-A-R-D-O.
    Agarró un vaso y me lo lanzó. Estuvo a punto de darme, pero lo conseguí esquivar a duras penas.
   –Te apunto los dos euros y el vaso. Ya me debes más de veinte euros. Voy a tener que mandarte unos matones para que me pagues.
   Hice una mueca intentando que pareciese una sonrisa, pero más bien me salió cara de asco. Ya me había olvidado de los matones y me puse nervioso recordando la corbata colombiana. No debe ser agradable morir así, pero por lo menos no me matarían como a los chivatos, con el miembro en la boca.


7. Esperando a las chicas.


   Monté en el coche dirección a mi casa. Alfonso se despertó. Parecía más despejado. Aparqué el coche justo detrás del mío. Me bajé y me dirigí a sacar a Alfonso del coche que salió por su propio pie, aunque casi se cae.
   Estaba un poco más sereno, pero seguía dando bandazos. Él se tumbó en el sofá y yo en el sillón; me vi en el reflejo de la televisión apagada. Estaba hecho una pena y decidí darme una ducha. Ya debería de tener costra y esta noche podía pasar cualquier cosa. Teníamos bebida y dos preciosas mujeres vendrían a mi casa.
   Una hora más tarde llamaron a la puerta. Los dos nos habíamos dormido. Me levanté del sillón y me dirigí a la puerta. Oí un coche que salía toda velocidad haciendo rueda. Pensé que era otro niñato dejándose tres euros de neumático en la carretera solo por vacilar con alguna niña.  Abrí la puerta y no había nadie.  Seguramente fuese algún gracioso que ya se había cansado de tener el dedo en el culo y no tenía nada que hacer.
   Cerré la puerta y volví al sillón a esperar que llegasen las chicas. Pronto me quedé dormido.

lunes, 29 de agosto de 2011

LA GRAN AVENTURA DEL "NOTA" VI

5. Amor a quemarropa.

   Fui a encontrarme con Alfonso en la barra. Cuando llegué estaba Sandra tomando una copa al lado de él, que estaba dormido.
   Sandra me saludó con esa cara picara que ponía cundo no quería dormir sola. En ese momento se acerco mi amada con una sonrisa que dejaba ver sus preciosos dientes blancos; enseguida bajé la vista para mirar sus tetas. Se colocó junto a Sandra, le dijo algo al oído y las dos comenzaron a reírse.
   –Mira “Nota”, esta es Mónica, es nueva en el local.
Ella se acercó y me dio dos besos. Sabía a sudor y a maquillaje; me gusto su sabor. Noté un cosquilleo en la entrepierna. Es lo que hace el amor.
   –“Nota” ¿Sabes qué Alfonso me ha pedido que me casé con él?
   –No le hagas mucho caso, esta borracho perdido.
–Pues le he contestado que me lo iba a pensar ¿Sabes?
   El vaso se me escurrió de las manos; sentí dos frustraciones. Una: que podría perder un polvo seguro.
   Dos: Se me había caído la copa entera y Alfonso estaba dormido con la cabeza dentro de un cenicero y no me podía pagar otra.
   –Creo que deberíamos irnos –dije a las chicas.
–Tómate otra copa, yo te invito –era la voz de Mónica.
   Hasta ese momento no había escuchado su voz y de repente entendí lo que sintió el tipo de la película de  Ulises al oír a las sirenas. Su voz era como música para mis oídos.
   –Está bien, me tomo otra y me llevo a Alfonso a casa. Está demasiado borracho para conducir.
   Me tomé la copa mientras hablaba con Mónica de cosas sin importancia. Sus ojos se seguían clavando en los míos y su sonrisa resplandecía en todo el local.
   – ¿Por qué no vamos a tomar la penúltima a mi casa? –Dije sin acordarme de que en casa no tenía nada de beber.
   –Todavía nos queda una hora para terminar nuestro turno, pero si quieres cuando terminemos vamos nosotras  ¿Qué te parece Moni?
   Mónica me miró y se ruborizó asintiendo con la cabeza.
Me alegré de que dijese que sí y mi entrepierna mucho más. Notaba en mis pantalones que quería dar saltos de alegría.
   Metí la mano en la chaqueta de Alfonso para buscar las llaves del coche.
   Aparte de las llaves encontré un billete diez euros. Me vendría bien para pasar por el bar de “Ricky” a comprar una botella de agua de fuego. Agarré a Alfonso como pude y subí las escaleras con él.
   Al pasar por la puerta el negro me dio una colleja que casi nos hace caer al suelo. Me giré y poniendo la voz grave que pongo para intentar acojonar le dije:
   –Tienes suerte de que me tenga que llevar a este hombre a casa, si no te iba a dar una paliza que te iban a tener que reconocer por los dientes, mamón.
   Me giñó un ojo –un día de estos vas a pagar todas tus tonterías. Tienes suerte de que Alfonso me cae bien. Anda, vete de aquí y que no te vuelva a ver en una temporada.
Me acababa de ganar otro enemigo.

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